Tras disputar una intensa y sufrida final de la Copa del Mundo 2026 en Estados Unidos —donde la Selección Argentina cayó por la mínima ante España en el tiempo suplementario—, el combinado nacional emprendió el operativo retorno al país en medio de un clima de profunda sobriedad, emoción contenida y un fuerte respaldo popular.
Una parte significativa del cuerpo técnico liderado por Lionel Scaloni y gran parte del plantel (incluyendo a figuras como Emiliano «Dibu» Martínez, Julián Álvarez, Enzo Fernández y Lautaro Martínez) aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
Siguiendo los lineamientos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), no se realizaron caravanas ni festejos oficiales masivos, priorizando el descanso físico y emocional de los futbolistas tras el desgaste de todo el torneo. Pese a la falta de celebraciones formales, una multitud de simpatizantes se autoconvocó en las inmediaciones para brindarles su apoyo incondicional desde un micro descapotable. A través de un comunicado oficial, la AFA agradeció profundamente el acompañamiento de todo el país: «Porque la camiseta la defendemos entre todos, y el orgullo de representar a la Argentina seguirá siendo el motor para afrontar los desafíos que vendrán».
El camino alternativo de Lionel Messi
El capitán y emblema del equipo, Lionel Messi, optó por un itinerario diferente. A diferencia del grueso de la delegación que voló rumbo a Buenos Aires, el rosarino decidió permanecer inicialmente en territorio norteamericano junto a Rodrigo De Paul para luego emprender un viaje directo en vuelo privado hacia su ciudad natal.
Messi aterrizó discretamente en el Aeropuerto Internacional Islas Malvinas de Rosario y se trasladó de inmediato hacia su residencia en el Kentucky Club de Campo (Funes), donde comenzó su periodo de descanso junto a su familia antes de reincorporarse a los entrenamientos con el Inter Miami.

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